Volver

Una noche, Roberto volvía del pueblo a caballo.
El caballo conocía el camino a casa por instinto,
por eso Roberto lo dejaba galopar en libertad.
Era una noche oscura, con el cielo lleno de estrellas.
A treinta cuadras de la estancia,
el camino se hacía más angosto
porque había cardos crecidos a ambos lados.
Era el mes de noviembre y en esa época,
los cardos están altos y rígidos,
con sus flores y sus espinas.

Los cardos son plantas altas con muchas espinas.