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Enrique M. contó que hace muchos años,
una señora mayor vivía con su hija adoptiva
en una casaquinta del barrio de Recoleta.
Y en esa casa ocurrió un crimen horrendo
durante una larga noche de invierno.

Cuando se enteró de la noticia,
el comisario fue a la casaquinta.
Eran las 5 de la mañana y no había nadie en la calle
porque Recoleta era un barrio despoblado en esa época.
Cuando llegó, vio gotas de sangre
que venían desde adentro hacia la calle.
Y, sobre los escalones del frente,
había un hombre muerto.

La hija adoptiva es la hija que crían unos padres que no son sus padres de sangre.