Pronto Alicia comenzó a ver cosas extrañas junto a su cama.
La más frecuente era una araña que la miraba.
Una noche, de repente, fijó la mirada en un punto
y llamó a su marido aterrorizada:
—¡Jordán, Jordán!
Él fue corriendo al dormitorio,
pero cuando ella lo vio, dio un grito de horror.
Jordán intentó calmarla:
—Soy yo, Alicia. Soy yo.
Entonces ella lo miró un par de veces
hasta que lo reconoció y se serenó.